3 Preguntas que deberías hacerte antes de aceptar un nuevo empleo

3 Preguntas que deberías hacerte antes de aceptar un nuevo empleo

Durante la recesión de 2009, tomé un empleo de alto perfil en una importante empresa de marketing. En apariencia, era una oportunidad única: grandes clientes, excelente paga y, dado el clima económico reinante, me sentía afortunado. La propuesta no me entusiasmaba pero ¿Qué pensarían mis conocidos si lo rechazaba? Empecé un lunes y cada mañana de esa semana me sentía más y más incómodo. El viernes, estaba sentado en una oficina sin ventanas, manteniendo una video conferencia de más de 4 horas, cuando me di cuenta de que era realmente miserable. Renuncié esa misma tarde. Apenas cuatro días después de haber comenzado y sin tener un plan alternativo. Sentí alivio inmediato.

“Deberías aceptar ese empleo”, “Deberías formar parte de la junta”, “Deberías conseguir ese nuevo cliente”, “Deberías…” Son aquellas cosas que hacemos por obligación porque no hemos pensado en detenimiento acerca de nuestros verdaderos objetivos; o quizás por miedo ¿Y si no tengo otra oportunidad? ¿Y si digo que no, cómo lo tomaría mi entorno? Muchas veces los “deberías” se asemejan a lo que “queremos” hacer. Sin embargo, son diametralmente opuestos a nuestros deseos, a todo aquello que añoramos y soñamos. Cuando aceptamos este tipo de propuestas, terminamos agobiados, colapsados y exigidos. Nos frustramos y decepcionamos (a nosotros y a nuestros seres queridos).

Para tener mejores resultados (satisfacción laboral, relaciones significativas, éxito), debemos desprendernos de los mandatos tales como “deberías”. Antes de embarcarnos en una nueva propuesta laboral, debemos hacernos 3 preguntas fundamentales:

  1. ¿Cuál es mi motivación?

Se trata de hallar los motivadores intrínsecos, no los externos como son el dinero o el prestigio. Los factores externos suelen ser muy convincentes pero, no suelen conducirnos hacia la felicidad o el éxito. De hecho, un gran motivador como el dinero, sólo genera un 2% de satisfacción laboral. Mientras que, variables como l curiosidad, la planitud, generan 3 veces más satisfacción y compromiso por parte de los empleados.

¿Cómo identificas aquello que te motiva? Pregúntate por qué estás eligiendo lo que eliges. ¿Aceptas el puesto porque es prestigioso y halagador o porque crees profundamente en la misión de la empresa? ¿Aceptas esa unión empresarial porque traerá muchísimo dinero o porque se alinea con la visión de tu compañía? ¿Irás a ese seminario porque debes practicar el networking cuando en realidad desearías estar en el acto de la escuela de tu hijo?

Si luego de considerarlo, terminas aceptando una propuesta únicamente por motivos externos como el reconocimiento o el dinero en lugar de hacerlo por una motivación interna, detente y piensa por un instante… “¿Deberías?” o “¿Quieres?”

 2.¿Está alineado con mis valores?

Para decidir de forma inteligente, debemos analizar si la propuesta está alineada con nuestros valores fundamentales. Despojarnos de nuestros mandatos.

Sugerimos que hagas un listado, dividido en 4 columnas. En la primera, anota aquello que tiene más valor para ti (como pasar tiempo de calidad con tu familia, la seguridad económica que te permitirá retirarte antes). Sé específico y anota por lo menos cinco aspectos que importan en tu vida. En las otras tres columnas enumera los recursos de que dispones (dinero, tiempo, energía). Examina lo escrito y evalúa cuánto de cada recurso inviertes en los valores de la primera columna.

La idea es identificar brechas entre aquellos valores en los que no inviertes recursos o aquellos en los que pones todo de lo que dispones.

¿Tengo alternativa?

Esta pregunta suele ser la primera que nos hacemos y no debería ser así. Muchos de nosotros miramos nuestra agenda, vemos un espacio, e inmediatamente nos embarcamos en nuevas actividades antes de siquiera pensar si nos agrada, nos motiva o coincide con nuestros valores.

Cierto es que, todo empleo tiene aspectos que no nos agradan, pero quizás sean un vehículo para llevarnos a dónde queremos llegar. Por ejemplo: a la gente no le agrada hacer networking, pero es parte de generar nuevas opciones de negocios.

Es importante reconocer que, muchas de las cosas que tomamos como obligaciones, no lo son. La teoría de la auto determinación sugiere que, para motivarnos hacia la acción, debemos sentir que tenemos el control sobre lo que nos ocurre. Disfrutamos más de aquello que hacemos por elección o decisión propia. Lo opuesto también es cierto: cuando nos sentimos presionados u obligados a hacer algo, perdemos autonomía e interés.

Eres el arquitecto de tu vida. No dejes que otros la construyan por ti. Recuerda que tienes poder de decisión y que es mejor la elección que la obligación. Sacudirnos los mandatos externos, los “deberías”, no es tarea sencilla. Todos hemos asumido compromisos a expensas de nuestros verdaderos valores. Pero, una vez que aprendemos a diferenciar elecciones de obligaciones, tomaremos decisiones más sabias y con menores chances de arrepentirnos

Fuente: Regan Walsh – Coach Ejecutiva y Ontológica – N.Y.U.

 

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